[6 septiembre 2022]


Igor Bychkov, entre las emociones de Londres 2012 y la pena por Ucrania


Por: Antonio Aparicio


"Fue brutal, como si el Barça hubiera marcado un gol en el Camp Nou", recuerda vívidamente Igor Bychkov Bychkova (7-mar-1987) sobre el emocionantísimo momento en que saltó 5,50m en la final olímpica de Londres 2012. Y es que este pertiguista español de origen ucraniano y magnífica persona, que recientemente consumó su retirada del atletismo, siempre ha sentido la presencia del público como algo vital en las competiciones; tanto por 'exceso' (en aquella "IMPRESIONANTE" cita londinense), como por defecto (con esas gradas vacías en la pandemia que tanto ahondaron su desmotivación).

En esta interesante entrevista, hemos repasado toda su trayectoria atlética con aquel niño rubito nacido en Donetsk que llegó a Barcelona con 11 años; y que también nos habla de cómo ve la dramática situación actual en su país natal, del que pudo disfrutar el verano pasado a través de un viaje en moto en un regreso a los orígenes. Asimismo, el 4º pertiguista español de todos los tiempos, que sabe lo que es estar en una final de las tres grandes citas al aire libre (JJ.OO, Mundiales y Europeos), reflexiona sobre sus constantes batallas contra sus demonios mentales en una prueba tan apasionante y a la vez tan imprevisible como la pértiga; sobre el importante papel en su carrera de sus numerosos entrenadores (tanto los oficiales como los que le ayudaron puntualmente); sobre sus mejores años y los más duros; sobre sus mejores competiciones y las menos satisfactorias (incluidas anécdotas relativas a la importancia de unas buenas condiciones organizativas para el rendimiento de un atleta); sobre sus pequeñas espinas clavadas, o sobre su futuro vinculado al deporte y al atletismo. ¡Larga vida a 'Aigorito'!

Igor, a principios del mes pasado, tu entrenador Alberto Ruiz anunciaba tu retirada del atletismo a los 35 años, calificándote como "el atleta con más talento que he podido dirigir". ¿Qué motivos te llevaron a tomar esa decisión?
Cuando llegas a una edad es inevitable empezar a pensar en el día de la despedida. Mi punto de inflexión fue hace unos 4 años, hablando con un ex compañero y amigo, Javier Arcones, mi confidente durante los últimos años. Hablamos de que la vida tiene sus etapas, y hay que saber cómo y cuándo cerrarlas para dar paso a las siguientes. Mi intención era despedirme después de los JJ.OO. de Tokio 2020…

¿No veías modo alguno de haber prolongado tu carrera alguna temporada más, teniendo en cuenta que hace apenas dos años, en febrero de 2020, fuiste capaz de igualar tu mejor registro de siempre en pista cubierta (5,60)?
Podríamos decir que ya la he alargado suficiente. Me explico: estar en alto nivel conlleva mucho desgaste físico, pero mucho más psicológico. Durante la mayor parte de mi carrera deportiva he librado una auténtica batalla contra mi mente, especialmente contra mis inseguridades. Casi siempre he salido victorioso de esas batallas; las recompensas que obtenía me daban fuerzas para afrontar las venideras, y así año tras año. Pero en las últimas temporadas he tenido demasiados parones. En la última competición del año 2017 me caí fuera de la colchoneta en Roma, lo que me apartó de la pista 6 meses. Entonces, la temporada 2018 consistió en recuperarme y volver a coger ritmo. En verano de 2018 volví a tener un accidente grave, tras el cual estuve a punto de no volver a coger una pértiga. Me llevó otro medio año recuperarme, y gracias al trabajo de Miquel Àngel Cos lo conseguimos. Tocaba volver a coger ritmo y cada vez me costaba más, sobre todo anímicamente. Entonces llegó el año olímpico y, supuestamente, mi última temporada. Estos dos alicientes de motivación hicieron que encontrara las fuerzas necesarias para volver a mi mejor nivel. Me marqué una pista cubierta que me iba a hacer de trampolín a un todavía mejor aire libre. Volví a saltar por encima de 5,60m, mínima para el Campeonato de Europa de París [a la postre cancelado] y, lo que todavía me importaba más, me posicioné en puestos de ser un claro candidato para los Juegos.
Tenía pensado retirarme después de los JJ.OO. de Tokio, pero el COVID me quebró los planes.
El COVID-19 nos sorprendió a todos; todos lo hemos sufrido en mayor o menor medida. En mi caso, supuso el final de mi carrera. No conseguí volver a encontrar la motivación ni la fuerza para luchar contra mis demonios. Siempre he sido una persona que ha competido bien gracias a los 'inputs' externos de las grandes competiciones; el público cómo claro ejemplo, y con el COVID todo eso se perdió. A partir de ahí, no he vuelto a encontrar el camino de estar en mi nivel.

Naciste en Donetsk, antes de trasladarte a Barcelona con 11 años. ¿Cómo fueron tus comienzos en el atletismo, y concretamente en la pértiga? ¿Ya lo practicabas en Ucrania, o todo empezó ya en España?
Comencé a hacer atletismo en la pista de Can Dragó, cerca de mi casa en Sant Andreu. Fue gracias a mi padre, quien tenía claro que como futbolista (deporte que quería practicar de pequeño) no me iba a ganar la vida. Comencé como todos los niños, haciendo todas las disciplinas, y los viernes iba a practicar pértiga con el grupo que tenía Gabriel Martínez Pons en aquella época. Antes de especializarme en el salto con pértiga, me acuerdo que también destacaba en las pruebas de jabalina y marcha; pero cuando tuve que elegir con cuál quedarme, donde mejor me lo pasaba era saltando.

Por cierto, ¿qué sientes al ver cómo está la situación ahora en tu ciudad natal? ¿Te llegan noticias de familiares y/o atletas residentes en la zona, o no mantienes mucho el contacto?
Siento mucha pena por todo lo que está ocurriendo en Donetsk y en toda Ucrania. La vida no era fácil antes de los conflictos, y ahora, dependiendo en qué zonas, se hace imposible. Hay muchísima gente que no tiene medios para escapar y se siente obligada a volver a sus hogares, por muy afectados que estén.
Por fortuna, mi familia más allegada está aquí conmigo. Allí quedan familiares más lejanos, muchos de los cuales no conocía hasta el verano pasado, cuando hice el viaje en moto hasta Ucrania. La mayoría de ellos viven en zonas muy al oeste del país, en zonas rurales y tranquilas a las que no les han afectado los bombardeos. Los que estaban en sitios más conflictivos han podido trasladarse a lugares "seguros". Incluso tengo familia que ha conseguido llegar hasta España y ahora se están instalando aquí. Y por mucho que termine la guerra no ven factible volver a su casa, porque entienden el peligro de los daños colaterales. Pero ellos son de los pocos afortunados que tienen recursos para poder rehacer su vida en otro lugar.

Volviendo a tus inicios, no pudiste ser internacional como júnior porque no recibiste la nacionalidad española hasta septiembre de 2007 (con 20 años), y tampoco disputaste ningún Europeo sub-23; aunque en 2008 sí llegaste a saltar 5,45 y debutaste con la absoluta en un 'Decanation' en París. ¿Cómo recuerdas tu etapa en categorías menores?
Toda esa época la viví con la ilusión de que el día menos pensado me llegara la oportunidad de participar en alguna de las citas internacionales de categorías menores. Con esa misma ilusión entrenaba y me esforzaba para conseguir las mínimas exigidas cada año. Competía e intentaba ganar los campeonatos de España, aun sabiendo que no me iban a dar ni la medalla ni la oportunidad de asistir a las grandes citas que me tocaban por edad. Yo me sentía de aquí, totalmente integrado; solo me faltaba ese papel que me permitiese tener el DNI español.

En 2010 disputaste tu primer gran campeonato internacional en el Europeo de Barcelona, pero tu debut se saldó con tres nulos de entrada sobre 5,30. ¿Cómo viviste ese revés, y cómo hiciste para sobreponerte?
Fue un palo muy grande haber terminado mi primera internacionalidad importante con ese resultado, y mucho más después del año que pasé. A principios de año me dio un neumotórax espontáneo y me perdí toda la pista cubierta. Me recuperé y en mayo salté 5,50m, que suponía marca personal y mínima para dicho Europeo. A pocas semanas de la gran cita me volvió a dar neumotórax en el otro pulmón, esta vez mucho más leve, y solo me hicieron pararme un par de semanas. Conseguí reponerme y realmente estaba en muy buena forma física, pero los nervios y la poca experiencia me jugaron una mala pasada. La decepción que me llevé en esa competición me empujó a trabajar muchísimo más y lanzar mi carrera deportiva al máximo nivel. Me dio tanta rabia estar súper bien, saltando muy alto, y 'cagarla' en la primera altura con todo lo que había pasado ese año, que sentía que el destino me debía una, y eso impulsó mi carrera.

En tus dos siguientes grandes citas, el Mundial de Daegu 2011 y el Europeo de Helsinki 2012, sí brillaste, pasando a la final en ambas ocasiones (aunque una vez allí tampoco pudiste con la primera altura -5,50 y 5,40, respectivamente-). ¿Qué sabor te dejaron esos dos grandes campeonatos?
Los recuerdo con gran ilusión, sobre todo el Mundial de Corea. Era la primera vez que visitaba otro continente, y encima uno tan distinto al nuestro como es Asia. Pero sobre todo por la experiencia que me ofreció ese campeonato, y no me refiero solo a la experiencia de la competición en sí, sino por toda la organización que se curraron los coreanos. Contábamos con un barrio entero para los atletas, del cual únicamente hacía falta salir para competir; teníamos desde supermercados o peluquerías hasta un mini estadio y zona de lanzamientos para entrenar, y un montón de actividades típicas de la cultura coreana para entretenernos. Por supuesto, contaba con un gran comedor que compartías con los atletas de todos los países. Era imposible no sentirse a gusto en esa "villa olímpica", y se respiraba la energía de una gran competición. No tenía nada que envidiarle a los JJ.OO. de Londres, solo los aros. Así que con esa energía conseguí meterme en la final del Mundial con los mejores, y no me pesaron en absoluto los tres nulos, porque me sentía muy satisfecho.
Al año siguiente en el Europeo también viví una buena experiencia, pero sinceramente, en esa temporada fue como un trámite, porque en mi cabeza solo existía una competición: los JJ.OO. Pero me llevo muy buen recuerdo de esa competición.

Un mes después de Helsinki, te destapaste en Londres 2012 convirtiéndote en el quinto pertiguista español masculino en acceder a una final olímpica (tras Ignacio Sola, Alberto Ruiz, Javier García Chico y Montxu Miranda); y ahí sí superaste los 5,50 iniciales para quedar 11º. ¿Cómo viviste ese logro? ¿Podría considerarse la mejor competición de tu carrera?
Podría considerarla como la competición más emotiva de mi carrera. Es indescriptible la sensación que sientes al vivir desde dentro un estadio de esa magnitud abarrotado de gente; el ambiente que se vivía era increíble. Y gracias además a una prueba de concurso, que te brinda la oportunidad de ser el protagonista por pocos segundos. Tengo la imagen grabadísima en mi cabeza: listón colocado en 5,50m, pido palmas y el estadio se vuelca. Arranco a correr y no tenía que hacer esfuerzo ninguno: las piernas me iban solas; tenía la sensación de estar flotando sobre el pasillo. Consigo superar la altura y la explosión del público fue brutal, como si el Barça hubiera marcado un gol en el Camp Nou… IMPRESIONANTE. Cuando aterricé en la colchoneta, sentí tal emoción que no sabía cómo canalizarla. Sentía que quería explotar en mil cachitos y darle un cachito a cada persona del público para agradecerles la emoción que estaba sintiendo en ese momento. Nunca he vuelto a sentir una emoción así, y no creo que se le pueda comparar a nada.

Al año siguiente, no obstante, tampoco salieron las cosas en el Mundial de Moscú 2013 (tres nulos de entrada). Pero había sido un verano bastante bueno, en el que elevaste tu MMP a 5,65 y ganaste varias reuniones en el extranjero; sobre todo el IAAF World Challenge de Pekín, con 5,60…
Sí, la verdad es que en el Mundial no me salieron las cosas como planeé. Se juntaron varios factores negativos: llegué en buen estado de forma, pero me deshinché anímicamente. Tampoco favorecieron las condiciones en las que nos encontramos en el hotel, que era medio de un centro comercial de la época soviética, y recuerdo que con Javier Cienfuegos tuvimos que echar los colchones al suelo, ya que la cama era horrible. Pero la temporada sí fue muy buena. Ese año comencé a trabajar paralelamente con otro entrenador en Polonia haciendo varias concentraciones y eso me dio un punto de motivación y de conocimientos adicionales, aparte de poder entrenar con gente de bastante nivel.

En los cuatro años siguientes, acudiste al Europeo de Zúrich 2014 y al Mundial de Londres 2017, completaste una racha de 6 títulos nacionales al aire libre consecutivos (2011-2016) y, en un 2017 bastante destacado, lograste tu MMP de siempre (5,70, 4º español de todos los tiempos) y fuiste 2º en el Europeo de Selecciones de Lille (sólo superado por el gran Renaud Lavillenie). ¿Qué valoración haces de ese verano?
En realidad, todo lo que sucedió ese verano viene por los cambios que hice a principios de temporada. En septiembre de 2016 comencé a seguir el plan de trabajo de Damien Inocencio (ex entrenador de Renaud Lavillenie). Iba regularmente de concentración con él a Clermont-Ferrand y seguía su planificación desde Madrid con la supervisión de Javi Navas. Acumulé muy buen trabajo ese invierno, pero los resultados no terminaban de salir. Necesitaba un cambio todavía más drástico; estaba quemado después de 10 años conviviendo entre las mismas cuatro paredes de la Blume de Madrid. Entonces decidí volver a casa y ponerme en manos de Alberto Ruiz; además, tendría como compañero a Dídac Salas. Era un buen plan: "Lobito" ha sabido muy bien cómo gestionarme y que me sintiera a gusto. Fue como soltar un muelle que estaba muy tenso, a punto de romperse, y entonces empezaron a salir los resultados. Para mí ha sido la mejor temporada. Conseguí el objetivo de estar regular por encima de 5,50m y lo que ha conllevado: por fin rompí la barrera que tenía con los 5,70m.

A partir de ahí, salvo ese paréntesis del invierno de 2020, no pudiste estar en tus marcas habituales, ni volver a ser internacional. ¿Te vas con alguna espina clavada, en lo que respecta a las grandes competiciones o a algo que ahora habrías hecho de otra manera?
En general termino bastante satisfecho; he vivido experiencias increíbles, he aprendido mucho. Quizá solo un par de cosas… Cuando salí del Estadio Olímpico de Londres después de haber estado en esa final, estaba seguro de que era capaz de hacerlo mucho mejor; quería al menos el diploma olímpico. Eso es lo que más me duele, solo haber tenido esa oportunidad. Y por otro lado, creo que era muy capaz de haber elevado el récord de España al menos unos centímetros.

Al final te quedaste a 11 centímetros del récord de España de Montxu Miranda (5,81). ¿Ese récord fue un objetivo claro en tu carrera, y en algún momento te viste especialmente cerca de poder lograrlo? Por supuesto que era un objetivo. Pero quizá estaba un poco en segundo plano. Siempre he tenido como objetivo principal acudir a la gran cita del año; sabía que en cuanto tuviera eso estaría más cerca y ya podría pensar en el récord. Quizá ese fue el problema: me faltaba un poco más de ambición. La verdad es que no podemos decir que estuviera cerca porque nunca he intentado atacar el récord de Montxu. Lo podría haber hecho en alguna ocasión, pero esperaba el momento de tener claro al 100% que iba a saltarlo. Es lo que tienen las pruebas de listón: sabes lo que vas a saltar y, por mucho que se te escape un 'brincazo', tiene que ser en la altura adecuada; para eso hay que gestionar muy bien tu cabeza.

Has tenido unos cuantos entrenadores en tu trayectoria. ¿Podrías resumirnos brevemente qué es lo principal que te aportó cada uno de ellos?
Como dije anteriormente, comencé con Gabriel Martínez Pons, quien, gracias a su manera de ser y el buen ambiente que creaba en el grupo, me enganchó a esta disciplina. Luego tomamos la decisión de trasladarme a Mataró con Norbert De Haro, quien me ayudó mucho en el tema académico y empezó a darme a conocer como pertiguista. Por temas logísticos de trasladarme todos los días a Mataró y empezar a pensar seriamente en mi futuro como pertiguista, vi conveniente dejar Barcelona e irme a la Blume de Madrid. Allí pasé mucho tiempo a las órdenes de Javi Navas; fue una época transcendental en mi vida. Gracias a Javi he conseguido una gran parte de mis logros; me enseñó muchísimo de pértiga y me hizo de padre educándome para que no me desviara del camino. Alberto Ruiz, como dije antes, me proporcionó ese lugar donde sentirme a gusto y dejó salir la técnica que llevaba dentro. Y no puedo dejar de mencionar a otros entrenadores que me han ayudado en mayor o menor medida: Ramón Cid, Hans Ruff, Slava Kaliniczenko, Damien Inocencio. Eternamente agradecido a todos ellos.

Y a partir de ahora, ¿cómo te planteas tu vida sin la pértiga, y qué ilusiones y expectativas tienes puestas en tu faceta de entrenador? ¿Vas a centrarte en formar a futuros pertiguistas, o también atletas de otras disciplinas?
Todavía no tengo muy claro por dónde va a tirar mi futuro. Lo que es seguro es que estará muy vinculado al deporte. A día de hoy estoy trabajando en el Club Muntanyenc de Sant Cugat, en el cual estoy muy a gusto, formando a mis pequeños pupilos con la ilusión de que lleguen a ser grandes pertiguistas. Por otro lado, el año que viene comenzaré un Máster en Marketing y Gestión Deportiva, el cual espero que me abra puertas a futuros proyectos.


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